La cultura emprendedora en nuestro país

Hablamos de una familia felizmente sentada en torno a una gran mesa a la hora de la cena. Los padres con sus dos hijos, recién licenciados o a punto de hacerlo, disfrutando de una comida caliente en un hogar bien climatizado:

- Papá, he decidido que voy a opositar para ser abogado del Estado – dice con una sonrisa uno de los hijos.

Los padres se miran entre sí con un gesto de complicidad y felicidad.

- Así me gusta Miguel. Que te ganes la vida como Dios manda y aspires a ser alguien- responde el padre.

- Pues yo Papá – interviene el otro hijo – en vez de gastarme los 60.000 € en el MBA que te ofreciste a pagarme, he pensado en invertirlos en un proyecto que me parece que tiene grandes oportunidades, para el cual he desarrollado un plan de negocio y un…

- Espera, espera Ignacio - le interrumpe el padre que mira a su hijo con el ceño fruncido y el rostro lleno de preocupación – Eres joven y ahora tienes muchos pájaros en la cabeza. Lo primero que tienes que hacer es formarte y empezar a ganarte el pan porque tus padres no estarán aquí siempre. Cuando hagas eso y puedas mantenerte a ti y a tu familia podrás pensar en tus historias pero seguro que, para entonces, ya habrás madurado lo suficiente para ver lo que se debe y lo que no se debe hacer.

- Pero Papá, déjame contarte que… – intenta proseguir Ignacio.

- No hay nada más que hablar Ignacio. Ya has oído a tu padre. Harás ese Máster y punto.- sentencia la madre que mirando al padre prosigue – Tu hermano tiene la culpa de esto. Siempre está metiendo a los chavales las estúpidas ideas de que hay que emprender y creer en lo que se es capaz de hacer. Claro, como él tuvo la tremenda suerte de que le saliera bien, piensa que todo el mundo va a tocarle la lotería.

- Tienes razón. Hablaré con él- concede el padre.

Y la familia sigue cenando una noche más, en silencio, tras haber cortado las alas a un posible emprendedor más en nuestro país. ¿Y cuántos van ya?

Categoría: Empresas, Personal