Adiós al coche
Hoy he vuelto de Madrid a Zaragoza como hacía mucho tiempo que no viajaba: en coche.
La experiencia ha sido poco menos que desesperante. Por lo menos he recorrido 40 o 50km en carretera de una sola vía a causa de las obras. Esto es prácticamente un 15 o 20% (si descontamos la autopista R2) del trayecto. Y el resto del firme todo menos firme. Y, para colmo, radares fijos, móviles, coches camuflados… Un infierno.
Para mi el coche ha quedado prácticamente desterrado como vehículo de transporte interurbano a la espera de que el AVE empiece a popularizar sus precios y a aumentar sus kilómetros de extensión. El coche ahora es un mal necesario que, espero que pronto, podamos usar sólo como “capricho” y cuando nos apetezca. Aumentaremos la seguridad, aprovecharemos mejor el tiempo, no no estresaremos, contaminaremos menos y, espero que a la larga, paguemos menos.
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