La vida es un estado anímico
Siempre he dicho que la tarea más importante de los responsables de grupos es la motivación del equipo de trabajo. En cualquier momento, estado o faceta de la vida, la motivación es la que marca realmente las diferencias entre personas, equipos y empresas.
Cada persona tiene una tecla mágica donde podemos pulsar y notar que, precisamente esa tecla, le hace vibrar. Su capacidad de trabajo, su implicación, su superación y su confianza puede superar prácticamente todas las dificultades que se le presente si realmente se encuetra motivada.
Siempre pongo el mismo ejemplo porque está al alcance de todos. El Madrid y el Barcelona. Hace tres años el Madrid perdió una liga, o bien, el Barcelona ganó una liga por culpa (o gracias) a su estado anímico. Exactamente al revés de lo que sucedió el año pasado. Prácticamente los mismos jugadores en ambas plantillas, pocas caras nuevas y, de pronto, la situación se gira sin que nadie sepa bien por qué. Pero veías al Madrid abajo en el marcador y sabías que, tarde o temprano, remontaría. Y no sólo lo sabíamos nosotros. Los jugadores estaban convencidos.
El fútbol, el deporte, la vida es un estado anímico. Puedes ser claramente el mejor tenista del mundo que como tengas un jugador delante, con un estado anímico superior al tuyo y que, encima, te haga dudar de ti mismo… poco tienes que hacer.
En la empresa es exactamente lo mismo. Un equipo motivado puede solucionar prácticamente cualquier incidencia que se le presente. Y, claramente, puede incluso realizar trabajos y tareas que para un equipo no motivado (ya no digo desmotivado), aún siendo más numeroso, sería imposible ejecutar.
Evidentemente, lo difícil, lo realmente complejo (y es ahí donde se detecta la capacidad de liderazgo y dirección de equipos) es saber la tecla mágica que acciona el resorte motivacional del equipo y de cada uno de los integrantes del grupo. Ese es el primer trabajo que debemos afrontar en nuestra empresa. La motivación de nuestro equipo… después de eso, todo es mucho más fácil.

Los diferentes pisos de la Pirámide de Maslow esconden las teclas mágicas de motivación personal
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