Yago Arbeloa

de emprendedor a emprendedor

La competitividad

Para mi es un factor fundamental en el desarrollo de cualquier ámbito de la vida. La ambición, bien entendida, por ser mejores cada día nos permite, a nosotros y a la sociedad, progresar (aunque no siempre en la mejor dirección). Ahora bien, la competitividad debe ser medida con respecto a algo o alguien. Y es en el correcto escrutinio de esa comparativa y en la elección de nuestro competidor, donde radica la bifurcación entre la buena competitividad y la mala.

En la sociedad, en el colegio, en los deportes, se nos impulsa a ser competitivos con respecto a los demás. Dar mejores servicios que la empresa tal y a mejor precio, ser más rápido que el que ocupa mi puesto, ser más listo que el enchufado del profesor, ser más reconocido que mi colega de trabajo… Esto es el camino hacia una constante autodestrucción porque nunca podremos ser mejores que todos y, si lo somos, nos llevará a un inmovilismo que puede hacer que, pronto, dejemos de ser los mejores.

Pongamos ejemplos: Asafa Powell, recordman de los 100 metros lisos ¿contra quién compite? Nadie, en el momento actual, puede igualarle… entonces… ¿contra quién compite? Todos vais a responder lo mismo, contra el crono, contra sí mismo. Pues eso, efectivamente, es el secreto del éxito. Microsoft, en un momento determinado, dejó de competir, su supremecía le impulsó a un reinado que le sumergió en la inmovilidad y la comodidad. Ahora se tiene que estar mordiendo las uñas por haber dejado que empresas como Google, Yahoo, Apple, etc. vuelvan a tener un lugar de relevancia semejante al suyo. Ronaldinho, que vino compitiendo contra sí mismo, con un estado de forma increible y que, tiempo después, engañándose a si mismo pensó que debía competir contra los demás olvidándose de él mismo.

Asafa Powell

Se me ocurren cientos de ejemplos, en cualquier faceta de la vida, en los que aquellos que luchaban contra si mismos, por ser mejores mañana, por haber aprovechado el tiempo en hacer cosas aprendiendo de éxitos y fracasos salieron mucho mejor parados que aquellos que sólo reaccionaban cuando la “competencia” se movía, cuando la sociedad demandaba… olvidando que la sociedad demanda algo que alguien ya ha implantado como necesidad…

El velocista debe preocuparse por ser más rápido que ayer, no por si sigue siendo más rápido que alguien. Las empresas deben preocuparse por mejorar y ampliar la calidad y oferta de sus servicios, no de ver si facturan más que su rival. Los directivos deben esforzarse en hacer posible el desarrollo del potencial de sus empleados y empresas, no de ver si son más o menos reconocidos. El jugador de futbol debe acabar cada temporada siendo mejor tácticamente, en experiencia, en técnica, en compañerismo y no basar su desarrollo en que hacerse con el puesto de aquel que ha de ocupar su sitio en el once (porque seguramente el año que viene será otro) y, mucho menos, en el rival (que cada domingo cambia).

La competitividad. Es una palabra que debe estar siempre en cada uno nosotros. Pero, sobre todo, no debería salir nunca de ahí.


en la categoría Personal

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