La soledad del indefenso
Oigo latidos, sonoros, nerviosos y frágiles,
oigo fuertes palabras fuera, una discusión.
Se acelera el ritmo del corazón,
alguien rompe a llorar mientras que,
una voz carente de compasión sigue y sigue.
Mi madre acaricia su vientre, me acaricia,
y respondo con patadas tan fuertes como puedo,
dudando de que sea capaz de acaso sentirlas,
una pregunta enorme resuena en su cabeza.
Quisiera estar ahí fuera, acallar a ese hombre malo,
que hace llorar a mi madre, que le hace daño,
me gustaría ser tan grande como mamá
para poder ayudarla, defenderla y protegerla.
La adrenalina de mi madre se dispara, mientras
el hombre malo le pregunta algo una y otra vez.
Mamá dice que no, pero él insiste, amenazándola,
no entiendo lo que dice pero sí lo que siente.
Sea lo que sea, mamá no quiere hacerlo y él,
le dice que no tiene más remedio, que así se hará.
¿Por qué pelean?, debe de ser algo muy importante.
El hombre habla sobre que no es doloroso,
sobre algo que ni siente ni es humano todavía,
dice que ya habrá tiempo para eso…
Mamá grita de pronto: “¡Es mi hijo”,
“¡mio también!”. Y dos cosas que me son reveladas,
me ponen la carne de gallina. Una, el hombre malo,
el hombre malo es mi padre y la segunda,
de lo que se quieren deshacer es de mi…
¡pero yo siento, yo soy una persona, yo quiero a mi madre,
yo no estoy ahí fuera pero tengo dereho a vivir!
Quiero tener la oportunidad de nacer, quiero llorar,
quiero mamar del pecho de mi madre, sonreis al decir,
por primera vez, papá. Jugar con mi padre, ir al colegio,
tener amigos, salir con chicas, quiero tener hijos y mujer,
quiero ser abuelo y contar a mis nietos historias…
Y luego morir, porque hay que morir, ¡pero no ahora!
Ahora no se oye nada, mi padre se acerca al oido de mamá,
le pregunta si está de acuerdo y mama dice entre sollozos que sí.
Pataleo tan fuerte como soy capaz.
Sabía que del hombre no me podía f¡ar pero mamá…
¡No!, y aunque se supone que no soy capaz de llorar, lloro,
porque he sido condenado, porque no soy querido,
porque soy privado de pasar la aventura de la vida.
Lloro porque creía que mamá me quería.
Una voz de hombre, no es mi padre,
intenta tranquilizar a mamá,
le inyectan algo, se duerme…
Veo una luz, algo se está introduciendo hacia mi,
¡no!, todavía no estoy preparado para salir,
me acurruco todo lo que puedo pero el monstruo sigue,
sé que no parará hasta encontrarme…
Me ha cogido y tira de mi hacia el mundo real.
No podré respirar, moriré sin nacer…
Me ahogo, estoy fuera, sé que no debo abrir los ojos,
pero eso sería si fuera a vivir, ahora ¿qué tengo que perder?.
Veo a papá, satisfecho, mirando con repulsión mientras mamá,
ahora despierta, grita: “¡no!, ¿qué he hecho?”…
pero ya es tarde, la miro con cariño, adiós mamá,
nunca me verás crecer pero sé que éste día siempre estará en ti,
en tu conciencia. Adiós mamá… todo se oscurece, ya no siento nada.
Adiós mamá… adiós.
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