Thomas Edison: La perservancia como clave del éxito

¿Quién no conoce al célebre inventor de la bombilla? (y de más de 1.300 patentes más)… Creo que todo el mundo ha oido hablar alguna vez de Edison (1847-1931) pero creo que hay detalles que no son por todos conocidos y, los cuales, pueden ser importantes para extraer conclusiones.

Fue un mal estudiante apasionado por la lectura. Parcialmente sordo desde niño (según él por un tirón de orejas de un empleado del tren aunque se cree que fue por enfermedad), es padre de muchos inventos que, con mayor o menos éxito, fueron viendo la luz. El fonógrafo, la bombilla o el efecto Edison con el que nace la electrónica, son algunas de sus aportaciones más valiosas a la ciencia.

Thomas Edison

Pero, el rasgo más importante de su carácter y del que ya he hablado en anteriores posts, es, sin duda, su perseverancia.  Nunca se echó atrás ni dejo de rendirse a pesar de que, como decía Einstein, los que decían que era imposible no dejaran de molestarlo. Realizó más de mil intentos para conseguir una lampara incandescente que funcionara. Más de mil. Habría que plantearse cuántos de nosotros nos habríamos retirado antes. Cuando sus ayudantes, al llegar al millar de ensayos, intentaron convencerle para abandonar, él les respondió: “Ahora ya sé mil formas de no hacer una bombilla“… y es que, de los fracasos aprendemos tanto o más que de los éxitos.

En definitiva, Thomas Alva Edison es uno de mis personajes históricos preferidos y fue una eminencia en Estados Unidos y, en el momento de su muerte, muchas ciudades apagaron todas sus luces durante un minuto en su honor. Un honor bien merecido.

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