Yago Arbeloa

de emprendedor a emprendedor

Y sigo aquí parado…

Hay un niño clavándome su sumisa mirada,
es profunda y dolorosa, directa al corazón,
sus ojos hundidos parecen invitar a la reacción,
pero sigo parado mientras intuye que no haré nada.

Su oscurecida carne, si es que algo de ésta tiene,
transparenta sus huesos frágiles, de calcio carentes,
y permite, a su pesar, que insectos se alimenten con su sangre,
aún a sabiendas de que no hay alimento en ella.

Acepta su destino sin llorar, sin cobardía, sin suplicar,
cuánto debo aprender de él, de su valor, de su templanza,
porque me doy cuenta qué suerte me ha dado el azar,
ya que bien podría ser que estuviera el aquí y yo allá.

Y sé que tengo ahora el corazón encogido,
mas ¿cuánto tardará en sumergirse en el olvido?
soy injusto, déspota, egoísta y pasivo,
y lo peor es que, sabiéndolo, lo admito.

Miro a esé bebe que intenta sacar en vano
leche del pecho seco de su madre enferma,
que cambiaría su sangre por alimento si pudiera,
para lograr ver a su hijo sonreir un rato.

Y sigues aquí observando este escrito,
y aquí seguirás después de haberlo leído,
pero cuando no te muevas de tu sitio,
serás consciente de tu egoísmo.

¡De nuestro egoísmo!, ¡de nuestra miseria!
que es mayor aún que la suya propia,
porque nacieron sin nada y gracias a nosotros,
morirán de igual manera: sin nada, sin esperanza.

Un niño muere cada dos segundos,
un niño ha muerto en esta frase,
dos niños en este pequeño instante
y decenas en lo que llevo escrito.

Y sigo aquí parado, sin poder mirar hacia otro lado.
Y sigo aquí parado, aún sabiendo cómo me estoy comportando.
Y sigo aquí parado, mientras intento olvidar lo aquí revelado.
Y sigo aquí parado, aunque quizás podría hacer algo.

Y sigo aquí parado…


en la categoría Personal

1 Comentario

  1. Yo también sigo parado, y como casi todos miro y sigo caminando

Dejame un comentario

Nombre

Email

Web