El día a día…
… es una enfermedad, un torbellino, un huracán que te arrastra en su interminable espiral y te absorbe con increible fuerza e insólita sutileza. No te das cuenta y, sin embargo, tira de ti, sin piedad, sin pausa, esperando a descubrirse cuando ya sea demasiado tarde…
Un día te despiertas, con los nietos en las rodillas, una vida dejada atrás y tantas deudas pendientes que no sabrías siquiera recordar una decena de ellas. Mirás atrás porque volver la vista hacia delante te recuerda cuán corto es el camino que te falta por andar y piensas que no hubo notas discordantes en tu vida, seguiste el fluir de la corriente que te fue impuesto, trabajaste, te casaste, tuviste una familia y, en cierta forma, fuiste feliz…
Pero ahora sabes que te equivocaste por no equivocarte. Te prometiste vivir una vida digna de ser repetida y ahora, cuarenta años después, te das cuenta que viviste la vida más veces repetida. No tuviste el valor, la visión, el ingenio, la ambición, la intuición o la arrogancia de creerte distinto a los demás. Nadie se atrevió a recordarte que la vida pasaba sin ser vivida y que la monotonía encerraba el peligro de arrastrarte en el tiempo tan rapidamente que los recuerdos se confundirían entremezclándose.
La vorágine en la que vivimos tiende a hacernos olvidar lo importante que es el individuo en la sociedad. Y la sociedad para el individuo. El éxito (en pro de un hito) de un individuo se transforma en beneficio de forma exponencial en el conjunto de la sociedad. Un deportista que triunfa genera sentimientos de gran beneficio para muchos individuos. Un científico que descubre alguna vacuna siembra bienestar a millones de personas. Y a pequeña escala, un trabajador que pierde una noche de sueño en sacar adelante un proyecto de una empresa porque cree y se siente parte de esa empresa está generando un valor incalculable para la empresa, el proyecto y los clientes…
No pienso que haya que ser una figura relevante economica o socialmente… No creo que podamos medir el éxito de una persona en función de valores económicos o sociales. Lo que creo tremendamente cierto es que nuestro éxito se puede medir con el vacio que dejamos cuando partimos. El tamaño de ese vacio es directamente proporcional a las cosas, recuedos, hitos, hechos, experiencias que dejamos… ¿podemos llenarlo con lo que hicimos en vida?. ¿Un padre podrá ponernos de ejemplo cuando hable con su hijo?, ¿un hijo pensará cuando crezca que merecería la pena vivir como nosotros lo hicimos?, ¿habrá un libro imaginario que podría haber vendido un millón de copias con las experiencias que vivimos?…
Lucho cada día por no parecerme a los caballos que son guiados con la mirada al frente y cuya visión de la vida está limitada a aquello que pase por delante. Quiero mirar por el rabillo, atento a cualquier hecho o experiencia. Quiero nadar un ancho y no un largo en la piscina. Quiero tirar una manzana al cielo esperando que esta vez no caiga. Quiero cuestionar lo incuestionable y trivializar lo transcendente. Quiero no aburrirme esperando y disfrutar viendo el reloj avanzando.
No espero recibir más de lo que dé. Incluso estoy dispuesto a perder en el intento. Si voy a un casino, no juego al rojo o al negro, apuesto a un solo número y le digo a mi amigo que recoja mis ganancias cuando la ruleta termine de girar y se vaya a celebrarlo a lo grande. Estoy seguro de mi mismo. Eso no implica que crea acertar siempre. Sólo que al equivocarme no volveré a hacerlo del mismo modo. No me impongo. Más bien contengo. Busco preguntas antes que respuestas. Abandono las rutas por donde ya hay un camino buscando aquellas donde el paso de otros no pueda condicionar lo que veo. Olvido cuando todos creen que hay que recordar. Desaprendo cuando todos luchan por estudiar. Libero mi mente y mi vida de condiciones y de juicios cuando todos buscan oir una voz que guie con su experiencia su vivir.
Este mensaje no es sino para mi mismo. Para recordarme lo que espero de mi. De mis metas. Mis objetivos. De mi vida. De la lucha continua que representa el vivir el día a día sorprendiéndose a uno mismo en cada momento. Siempre he sido de los que piensan que tenemos lo que merecemos. Poder leer estas lineas en determinados instantes quizás represente la diferencia entre que la vida nos viva y una vida vivida con pasión, garra e ilusión. Si el valor y el coraje me abandonan, si ignoro los ideales que marco en estas lineas, si soy perseguido en lugar de perseguir, si no lucho para no tener que abandonar, si no tengo para no tener que renunciar, si no amo por miedo al dolor, si no lo intento por temor a fallar… entonces espero que estas lineas me hagan cambiar…
El día a día… ¡qué enemigo tan formidable!
