La iglesia del recuerdo
Estoy firmemente convencido de que no hay institución, organismo o sociedad que viva más anclada en el pasado que la Iglesia. La Iglesia está confundiendo en los últimos 50 años el papel que tiene que jugar en la sociedad y se está moviendo dentro de arenas movedizas que pueden provocar, a no muy largo plazo, una pérdida ingente de influencia en la sociedad.
El origen de la palabra secta viene del latín ‘línea de conducta’, ‘partido, bando’, ‘escuela filosófica’. De la familia etimológica de seguir. Y no sé cuantas veces he pensado que si viniera alguien que no supiera nada y se le introdujera en un acto de una secta y en una misa no encontraría diferencias. Un lider disertando, varias decenas o centenares de oyentes escuchando, gesticulándo o levántandose y sentándose cuando así se les requiere. Un rito. Un sacrificio. Un seguimiento ciego.
El hecho es que la Iglesia debería plantearse como introducirse en la época que vivimos modificando los antiguos ritos, recomponiendo su filosofía para sobreponer la salud y la vida humana a los mandamientos de Dios escritos por el hombre (como el uso del preservativo). La Iglesia debería admmitir de una vez que vive rodeada de cultura y no de analfabetismo como antaño. Que es difícil creer que Jesús naciera de una mujer virgen y que no estuviera casado ni fuera padre. Que el hombre viene del mono y no de Adán, Eva y una manzana. Porque si la Iglesia decide enrocarse perderá todo lo que tiene: creyentes, poder, dinero e influencia. Y quizás estos últimos factores sean los primeros de los que deba desprenderse para mantener el más importante de los factores: los creyentes.
No veo lógico que la Iglesia posea medios de comunicación, obras de arte que deberían estar en un museo, obras censuradas que tendrían que ser estudiadas y conocidas, que tenga poder para conceder hipotecas y que considere necesario participar en política o juzgar a aquel que hable de lo que no le guste. Creo que la Igleisa debería cambiar de forma muy profunda porque actualmente no sólo está consiguiendo que los jóvenes se muestren indiferentes ante ella y la religión sino que, poco a poco, obtiene mayores índices de jóvenes antieclesiásticos.
Si tuviera que imaginar una Iglesia ideal no la empezaría de cero. La seccionaría de forma que, en una operación de vida o muerte, se elimine el cáncer que actualmente enferma y pudre una labor importante. Gente como Santa Teresa de Calcuta o cualquier misionero que, sí, enseña religión, pero también matemáticas, lengua, historia… Gente que construye hospitales y realizan una labor social de mano de la Iglesia… ese es el valor fundamental de la Iglesia.
Dénme una Iglesia que me muestre una forma de vida, no que me diga cómo vivir mi vida. Enséñenme una Iglesia que diga que las posesiones no son lo importante y que se encuentre despojada de ellas para poder creerla. Dénme una Iglesia que no se dirija desde uno de los países con mayor renta per cápita. Muéstrenme un líder que se entregue a su misión y no a promocionar la Iglesia. Si hoy en día viviera un tal Jesús de Nazaret que predicó con actos, fuera o no verdad lo que predicara, yo le seguiría… Porque yo creo en las obras y en los hombres, no en las instituciones vacías de contenido y de sentido que aprovechan la fe de los hombres para proporcionar un medio de vida a unos pocos en lugar de ser modelo de vida para muchos.
Pero me temo que para la Iglesia es más fácil seguir durmiendo caliente, administrar sus riquezas para vivir unas decenas de siglos más e ir perdiendo creyentes a ritmo acelerado porque, hoy por hoy, lo importante no es la fe, no son los creyentes ni las personas. Lo importante es no moverse de una situación muy cómoda y no perder la riqueza que han ido requisando y robando de donaciones, hurtos, expropiaciones y abusos de poder a lo largo de la historia…
Y lo peor de todo es que habrán perdido una oportunidad de oro para comunicar un mensaje con cierto sentido y para conectar con una juventud que está necesitada de esperanza, bondad y actividad.
