I+D+i: ¿para cuándo?
Debo decir que soy un apasionado de España, de su diversidad cultural y de lenguas. Vivo con entusiamo el deporte y más si hay un español compitiendo. He visitado otros países, teniendo la oportunidad de vivir en alguno de ellos y debo decir que esa frase de: “en España como en ningún sitio” es una gran verdad. Puede ser que a las diez de la noche puedes seguir viendo gente y tiendas abiertas o que a uno le parece que las once es demasiado temprano para irse a dormir, pero cuando estás en el extranjero añoras todo lo anterior.
Pero uno de los aspectos que más me entristece de mi país es que seguimos a la cola del factor que más importante es a medio-largo plazo. Es inconcebible que un país que quiera estar entre las potencias mundiales no incida en aspectos tan importantes como la investigación, el desarrollo y, no olvidemos, la innovación. No llegar al 3% del PIB es abocarse al desastre. Y uno, que trabaja en una compañía muy ligada a la innovación y que pone su granito de arena para que ese porcentaje llegue a cotas más adecuadas para el futuro de las empresas españolas, se da cuenta que parte importante de la culpa la tienen (o tenemos) los máximos dirigentes de las empresas, por falta de concienciación y el gobierno, éste y los anteriores, que jamás impulsaron una política fiscal y económico a favor de una cultura I+D+i.
Vivimos con gran expectación como Asia empieza a vislumbrarse como la cuna de las próximas primeras potencias mundiales y como Europa, el viejo dinosaurio, empieza a perder el paso en una carrera que exige haberse entrenado duramente para afrontarla. Grandes empresas chinas o coreanas llegan a destinar el 50% de sus resultados a I+D+i, sin que les tiemble el pulso en tal apuesta pues tienen bien aprendida la lección a través del incremento de sus resultados anuales, siempre en dos o tres dígitos, mientras en Europa, sólo aquellas que hayan decidido dedicar sus incrementos de resultados a mejorar su área de desarrollo, a costa de no aumentar dividendos, sacrificando expansiones internacionales, renunciando a acaparar la publicidad de los medios de comunicación y otras vías más vistosas a corto plazo de emplear los recursos de los que disponen las empresas, podrán seguir compitiendo en el mercado global que se avecina.
Podríamos dar algunos datos que nos muestran el presente y nos conducen a un futuro bien definido de nuestro entorno (%PIB en 2004):
- Unión Europea: 1,9%
- Suecia: 3,74%
- Finlandia: 3,51%
- Dinamarca: 2,63%
- Alemania: 2,49%
- Austria: 2,29%
- Francia: 2,16%
- España: 1,07%
- Eslovaquia: 0,53%
- Letonia: 0,42%
- Chipre: 0,37%
- Malta: 0,29%
La media de la Unión Europea aún está lejos de países como EEUU (2,59% PIB) o Japón (3,15%). Mientras, China, el próximo gigante, despierta del letargo en el que ha estado inmerso y ya invierte el 1,31 % de su PIB en I+D+i.
La elección que nos queda hacer a las empresas es si vamos a dar un paso definitivo en esta linea. La decisión no es fácil porque los beneficios de esta inversión no serán recibidos a corto plazo y seguramente nuestro proyecto empresarial elevará el riesgo para nuestros posibles inversores y es ahí, donde el gobierno, a través de políticas, claras y públicas (no con subvenciones escondidas en algún rincón del BOE), que apoyen a las empresas innovadoras, debe dar estabilidad y lineas de financiación que permitan a las empresas avanzar sin temor hacia un futuro lleno de enormes expectativas y un elevado índice de crecimiento sostenido.
