Yago Arbeloa

de emprendedor a emprendedor

La política y el fútbol

Y es que, cada vez que se entabla una conversación política, (mal sujeto cuando se está con clientes con los que no te une una estrecha confianza) con amigos, proveedores, familia o en cualquier entorno, uno se da cuenta que cambiando las palabras Rajoy por Florentino, Zapatero por Laporta, PP por Madrid, Zapatero por Barça, elecciones por champions, cámara del senado por estadio de fútbol, Acebes por Raúl, Maragall por Deco y votos por puntos, podríamos pasar de un segundo a otro de hablar de política a estar conversando sobre el fútbol.

Y digo esto porque no deja de sorprenderme que, en política, tengamos unos colores que defendamos a vida o muerte, tanto si el equipo va mal como si va bien. Y aún es peor, porque si va mal ni siquiera pedimos la destitución del entrenador. Los ciudadanos hemos pasado a convertirnos en forofos de ciertos partidos políticos o, como existe en el fútbol, “anti” algún partido.

Creo que el miedo a que no gane “el otro” nos hace muchas veces votar “al único” que creemos que puede representarnos medianamente. Sinceramente pienso que debemos mandar mensajes claros a nuestros dirigentes cuando se equivoquen, no aliándonos con “el enemigo” (si es que éste no nos representa) pero el derecho a votar, que es también una obligación, no impide votar en blanco.

Los gobiernos se equivocan. Y también la oposición. Los medios de comunicación influyen sobre la opinión pública (ahora y siempre). Pero no debe existir el sentimiento, sentimentalismo, apego político a unos colores o partidos. Debemos ser firmes y respetar nuestra ideología y, cuando el partido político que hemos votado, va a en contra de nuestros ideales o forma de pensar, debemos penalizarlo de la única forma posible que hay en una democracia: las elecciones. Si ningún otro partido democrático nos representa, remitamos el mensaje a quien corresponda mediante votos en blanco. Pero no en casa. Con el mando a distancia entre los dedos y el fútbol en nuestra pantalla.

Si una acción grave del partido que votamos, estando en la oposición o en el gobierno, es lo suficientemente importante como para que nos levantemos en el estadio, saquemos el pañuelo blanco y abandonemos las gradas y la afición por ese “equipo”, debemos, tenemos que hacerlo. Porque el miedo a lo que pueda pasar cuando otros lleguen, no puede significar la impunidad para nadie. Ni antes, ni ahora, ni nunca.

En en el fútbol debemos tirar de corazón… en la política, usemos la cabeza que ya andamos escasos de ella en muchos de aquellos que nos representan.


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