Conciencia, ¿por qué me has abandonado?

Leo y escucho, no sin cierto desasosiego, cómo el mundo se pervierte a sí mismo, triste e ineludiblemente. Nunca he sido de los que tiene una visión catastrofista de la vida y creo poder afirmar que mi positivismo aún lidera, aunque frágilmente, mi incoherente personalidad. Nunca he sido de los que pensaran que antes se vivía mejor (¿qué haría yo sin internet?)

Sin embargo, sí hay ciertas diferencias con el pasado. Y una de ellas y quizás la más fundamental, además del aumento de la esperanza de vida (sólo para ciertas regiones del mundo), la calidad de vida (para unos cuantos millones de personas) y otros factores importantes, el mayor diferenciador es el nivel de educación de la sociedad. Y aquí ya podemos hablar a nivel global ya que gracias a las ONG, a misioneros y a otros participantes de una actividad llena de mérito, la cultura no ha sido restringida a aquellos que pueden pagar un colegio y unos libros y aunque aún quede mucho por hacer, es notable el aumento de cultura en cualquier lugar del mundo con respecto a cifras pasadas (es, evidentemente, del todo incomparable entre distintos países o continentes).

De cualquier forma, lo que debería ser una ventaja fundamental con respecto a épocas pasadas se convierte en nuestros tiempos en un arma de doble filo. La educación como medio de influencia en los niños y adolescentes que están formando su personalidad y que será la base de desarrollo de su devenir. Y pasa por no ser poco llamativo como es el área de educación una de las primeras consejerías que ceden los partidos gobernantes de distintos municipios/regiones y que gustosamente acogen otros partidos, como pudieran ser los nacionalistas (o cualquier otro), con una visión muy distinta de la historia, la lengua, la geografía (es increíble pero hasta la geografía puede ser subjetiva: ¿a quién pertenece el Ebro?) o cualquier otro área. Podemos hablar también de otros países, en los cuales la cultura y la educación son vías para implantar si no lavados de cerebro que podría sonar desacertado, si ciertas tendencias hacia el islamismo más radical, el comunismo censurador o cualquier otro régimen o pensamiento.

Nadie debería condicionar nuestra educación ni nuestra forma de ver la vida. La enseñanza que recibamos debiera ser lo más objetiva posible (partiendo de la subjetividad que origina que sea una persona con ideas y motivaciones quien imparta la materia en cuestión). Debería aprender, en las áreas de conocimiento comunes (matemáticas, geografía, historia…) lo mismo un niño o adolescente de Sevilla, Badajoz, Bilbao o Tarragona y, si me apurais, uno de Toulouse, Colonia, Nápoles, Pekín o Sidney, máxime en un mundo que, siempre según los expertos, vive inmerso en la globalización.

El Ebro no es “un río que nace en tierras extrañas y desemboca en Tarragonani un “río aragonés” ni cualquier otra versión de la única verdad: “El Ebro es el río más caudaloso de España, que recorre el valle de su nombre en dirección NO-SE con una longitud total de 910 km y 83.093 km² de cuenca“. Quizás deberíamos apelar a la conciencia de aquellos que tienen el poder de proporcionar una educación sana, clara y objetiva que haga posible desarrollar mentes brillantes y no desvirtuadas que puedan iluminar un futuro en el que se avistan ciertas nubes tormentosas que van a requerir de personas clarividentes para aplacar el temporal.

La educación es un bien preciado, es un valor intangible y, como dijo alguien más sabio que yo: “La ignorancia esclaviza, el conocimiento nos hace libres, la libertad nos hace felices, la felicidad (y sólo eso) nos hace tener éxito en la vida. “

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